MAWLID: Mapa del trance
SEGUNDA PARTE
VUELTA A TETUÁN
A la vuelta a Granada comencé a sentirme mal, para mí que era cosa del djinn, que no se sentía satisfecho con nuestro compromiso gnawa. Mi médico me programó una pequeña intervención para agosto en el hospital. Empecé a sentir miedo y a imaginar la muerte cerca. La venganza del djinn tan cerca. Me decidí a acelerar la colaboración con Bachir Attar, sentía que no había tiempo que perder. Podría avanzar mi cura con el encantamiento de los Jajouka y la visita de nuevo al Maalem Arafa, el maalem del norte. La idea era alquilar por tres noches todo el Riad Mtamar, el mismo sitio donde terminamos tras la primera actuación en Tetuán, y grabar todo el material de vídeo y audio posible con Fulgencio y Josefa. Queríamos tener más recursos para apoyar la promo del futuro disco.
Moncho tenía programada unas pequeñas vacaciones a finales de junio por Marruecos con su familia. María Vallejo, su mujer, toca el violín y canta en el grupo que ellos comparten, Fandila y también con Mawlid habitualmente. Además, le daba la ocasión para recoger el encargo de su nueva mandola. Consultamos a Bachir y se acordó que grabásemos en esas fechas. El mayor inconveniente es que Zeke no podría estar con nosotros, ya tenía compromisos agendados. Pero ¿qué podíamos grabar con Bachir? Acudí a mi cuaderno de 1995 donde tengo las fotos que me hice con los Jajouka y donde están los diarios de Omega. Apareció una anotación de cuando grabamos las primeras versiones de estudio de la canción “Ciudad sin sueño”. Ahí estaba bien claro que debíamos probar la incorporación de las gaitas marroquíes, que son parte del sonido distintivo de los Master Musician of Jajouka. La canción y la idea convencieron a Bachir y quedamos para grabar el día 25 de julio, su única condición era que debíamos tocar de noche.Ya que bajábamos de nuevo a Tetuán le pedimos a Arafa la que grabase con nosotros, aparte de “Ciudad sin sueño”, las canciones “Bermasouyé” y “Río de luz” en vídeo.
TETUÁN 2
Fulgencio, Josefa y yo bajamos de nuevo hasta Tarifa para tomar el ferry a Tánger, en este viaje no me acompaño Isa. Una vez en el puerto de Tánger tomamos un taxi a Tetuán con el obligatorio regateo. Faridi nos esperaba en un café del centro junto con Jihane Llamas, su pareja, que se ocuparía de la logística de las comidas del equipo en el Riad.
Tetuán era una ciudad totalmente distinta fuera del ramadán, una enorme cantidad de gente abarrotaba todas las calles. Coincidía nuestra visita con la alternativa presencia del Rey de Marruecos, Mohamed VI. Tetuán era el centro de una celebración llamada “La fiesta del trono” que dura un buen número de días. El clima era muy caluroso y húmedo por la cercanía de la costa, enseguida te empapabas. Ese tiempo sofocante nos acompañó durante toda la segunda visita.
Nos instalamos en el Riad Mtamar y comenzamos a convertirlo en un plató de cine. El equipo técnico de vídeo y audio vendría de Casablanca, lo traía la empresa de Mehdi Okasha, conocido productor cinematográfico amigo de Ful, acompañado del cámara Samy El Mekkaoui. Llegaron con el equipo a medianoche y la ciudad todavía estaba a tope de gente. La única forma de transportarlo hasta el centro de la medina es en unos pequeños vehículos parecidos a lo que aquí llamamos isocarros, como una moto con remolque. Alquilamos dos de ellos y la estampa de Mehdi y Samy en esos vehículos por las pequeñas calles abarrotadas era realmente de película.
El día 25 empezó bastante iluminado y caluroso. Nuestra misión era recoger a Bachir Attar en Tánger y traerlo al Riad. Moncho se había llevado su furgoneta para las vacaciones y sabe conducir muy bien por las carreteras marroquíes. Llegamos a Tánger sobre las cuatro de la tarde directamente a casa de Bachir, que nos saludó desde el balcón. La casa en la que vive Bachir es una construcción que recuerda a los edificios españoles de barriadas de los años sesenta. Es un cuarto piso y fue la vivienda durante cuarenta años de Paul Bowles, nada más y nada menos. Como bien nos indicó Bachir por su puerta habían pasado las figuras literarias y artísticas más importantes del siglo XX. En el trayecto a Tetuán pudimos hablar largo y tendido con Bachir sobre sus colaboraciones con los Rolling Stones o Blondie, tiene Bachir una voz recia parecida a Réda y su conversación en muy enriquecedora y divertida. Nos sugirió la posibilidad de ir al Festival Musical de Jajouka que él organiza, donde mezclan durante tres días celebración y misticismo, ojalá.
A nuestra vuelta se había avanzado muchísimo en la colocación de todo lo necesario para la grabación de los videos. Aprovechamos esas horas para ensayar con Bachir, Arafa y Mohamed todo el tiempo posible. Para nuestra sorpresa el instrumento que eligió Bachir fue un luthar en vez de la peculiar gaita marroquí que los Jajouka tanto usan. Nos encantó la mezcla de ese instrumento con la mandola, con el guembri y con las percusiones gnawa de Arafa y Mouhamed.
Sobre la una de la madrugada ya del día 26 comenzamos a grabar las primeras tomas de la canción “Ciudad sin sueño”. La versión que interpretamos comenzaba con el guembri frotado con un arco de violín, sonido que ya en la gira anterior habíamos usado y que tanto sorprendió a los gnawa. Al principio y al final del tema Arafa canta a la orfandad con una expresión trágica en su voz, muy adecuado al espíritu del poema de Federico García Lorca.
Tuvimos la suerte de que esos días pasaba por allí Malibú Taetz, un director jovencísimo de cine canadiense que estaba localizando exteriores. Ful no tuvo ningún reparo en colocarle una cámara a su amigo Malibú y ponerlo a trabajar. La sesión terminó a las cinco de la mañana y estuvimos un rato largo después celebrando con emoción lo que habíamos grabado, seguros de que a Lorca le hubiera encantado esa versión de su poema y a Morente también, tan apasionado como era de los músicos de Tetuán. Le comenté a Bachir la distancia de treinta años de nuestros dos encuentros y le mostré las fotos que conservo de aquel lejano día de 1995, un mensaje muy profundo de fidelidad a la música y a la vida.
La mañana del 26 procuramos levantarnos tarde porque nos esperaba otro día de trabajo con Arafa y su grupo. Moncho se encargaría de devolver a Bachir a Tánger. Acusábamos el cansancio de las pocas horas de sueño pero el espíritu lo manteníamos intacto, teníamos sólo ese día más para grabar lo que nos faltaba. En cuanto regresó Moncho nos pusimos manos a la obra y por mucho que corrimos casi no nos da tiempo de terminar las dos canciones. Sí que echamos en falta a Zeke a la percusión, sobre todo por cómo los gnawis se habían compenetrado con él en los conciertos de marzo. En estas dos canciones Arafa tocaba el guembri conmigo y me sentí muy orgulloso de que nos apoyara con su enorme arte en nuestra aventura. A media tarde ya teníamos unas tomas buenas de las dos canciones y parte del equipo de filmación regresó a Casablanca. Aprovechamos para vivir la noche de Tetuán y visitar los sitios que continuamente descubríamos de una ciudad que ya sentíamos muy nuestra.
El 27 fue nuestro día libre, ya sabéis, regalos para la familia y conocer la medina más a fondo. De todo eso se encargó Arafa, fue nuestro cicerone y nos hizo un recorrido completo. Nos mostró las tiendas para instrumentos gnawa y aproveché para comprar cuerdas y fundas para el guembri. ¡Qué capacidad de regateo tiene Arafa! Empieza discutiendo a vida o muerte con el tendero y una vez alcanzado el acuerdo se abrazan como hermanos. Una técnica nada fácil, os lo aseguro.
El día 28 dejamos a Moncho con María y sus hijos en Tetuán y, de nuevo con enorme tristeza, nos despedimos de nuestros queridos Arafa, Mouhamed, Laarbi y Faridi. Los controles aduaneros de vuelta siempre pusieron facilidades a nuestros instrumentos y equipo. Recuerdo que un agente marroquí me preguntó si lo que llevaba era un guembri, al responderle afirmativamente comenzó a cantar un tema gnawi y cuando el mismo agente interrogó a Josefa sobre qué era el tipo de aparato que llevaba, un multipistas portátil, este respondió “esto sirve para que suene el guembri”, aceptó la explicación y ni medio problema más. ¿Que cómo me encontraba de salud tras la experiencia? Pues más delgado por el calor que habíamos pasado todos esos días y esperando novedades del djinn.
VUELTA A TETUÁN 2
La experiencia marroquí me había marcado tanto que, antes de que acabara el verano, tras mis compromisos con Lagartija Nick, invité a mi hija Carmen Celeste a pasar unos días en el Marruecos que tanto me apetecía enseñarle. Otro de los motivos que me empujaban a volver a Tetuán era que en la canción “Ciudad sin sueño” echaba de menos el sonido de las gaitas, me faltaba. Por otro lado, Fulgencio comentó que no estaría mal tener más recursos visuales, grabaciones en casa de Arafa tanto de canciones como de entrevistas. Arafa tiene una amplia cultura gnawa y un don especial para contar las historias.
Si pensaba que iba a haber menos gente en la ciudad enseguida comprobé lo equivocado que estaba. Adentrarse en la medina se convierte, siempre, siempre, en toda un reto de paciencia y andar lento. Arafa en la visita anterior me explicó un método de orientación dentro de la medina, el sistema es sencillo y complejo a la vez. Los adoquines del centro de las calles te muestran qué tipo de vía es, si tiene o no salida, si da a las mezquitas o a los museos etc. Parece fácil pero no te confíes. Ya instalados en el Riad dedicamos toda la tarde a conocer más a fondo la medina. Arafa nos mostró esta vez los antiguos espacios para la venta de esclavos, la medina judía con sus sinagogas aún en activo e insistió en que viésemos la casa dónde se hospedaba Franco cuando visitaba Tetuán y nosotros fingimos cierto interés al verla.
Los días soleados continuaron. Arafa se había citado en el Riad con Anas Azouzz para grabar las gaitas y las flautas que faltaban en “Ciudad sin sueño”. Yo llevaba una grabadora portátil estéreo Philips para el registro de las nuevas pistas, con la IA puedes limpiar los ruidos de fondo sin problema. La reverberación del patio sería la misma que en las tomas en directo de julio y encajaría de forma natural. Anas proviene de una larga tradición familiar gnawa y lo comprobé en cuanto comenzó a tocar la gaita. Su magnífica ejecución aportaba ese sonido que tanto necesitábamos. Arafa hacía de guía, supervisor y traductor.
Carmen se encargó de las grabaciones de vídeos en los móviles y así se fue familiarizando con el entorno gnawa y su sencilla complejidad. Ella es música y sé que sabe sacarle jugo a todo. En cuanto no la necesitábamos, se perdía por la medina a su aire. Mientras tanto, sentía que mis dolencias estaban sanando tanto física como espiritualmente. Estaba arreglando las cosas con el djinn. Íbamos los dos por buen camino.
Entrevisté a Arafa con la ayuda de Hicham Elmoutagi, que se encargó de la traducción simultánea. Hicham es un artista plástico marroquí de originalísima inspiración, ya había estado acompañándonos en las veladas del Riad anteriores y sabíamos de su vena mística. La entrevista en la terraza del Riad donde se hospedaba Hicham fue maravillosa, llena de conocimiento y magia. Mientas hablábamos bandadas de diferentes aves migratorias sobrevolaban nuestras cabezas. Pude preguntarle sobre lo que más me interesaba, que era el poder del djinn. Me habló de ciertos trucos para relacionarme e intentar vencerlo. Para mí era lo más importante de la entrevista.
La jornada del último día en Tetuán la pasamos encontrando y perdiendo a Arafa. Desaparecía en su casa dejándonos en su enigmático salón gnawa y no volvíamos a verlo, nos íbamos y él nos llamaba a ver dónde estábamos, perdiéndonos la pista de nuevo, así toda la tarde, esa fue nuestra despedida. Una especie de abrazo a un amigo que no puedes terminar de alcanzar nunca. En esa sed se basa la fortaleza de nuestro vínculo y todos los laberintos tienen algo de mágico.
La tarde del día 1de septiembre, ya instalados en Tánger, apurando las últimas horas del viaje, tratamos de nuevo de localizar a Abdelah El Gourd. Era mi tercer intento y ¡Ale Hop!, en la puerta de su Dar Gnawa en la Terraza Borj Al-Hajoui de Tánger, esta vez sí, se encontraba sentado El Gourd. Por fin, había cumplido mi deseo de conocerlo. Tras varios intentos. Tras varios maestros. Tras todos los conciertos, las canciones, los encuentros, los momentos. Después de tanta lluvia y tanto sol. Tal vez, justo antes del desierto. Fue curioso también que El Gourd hablara español perfectamente y me que me comentara que podía enseñarme unas cuantas canciones gnawa en nuestro idioma. Después de ese encuentro, sentí que el aura mágica, el auténtico poder de maalem de EL Gourd había apaciguado, al menos, de momento, la sed infinita del temible djinn.